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Aldeanueva de Cameros / VANESA RUIZ

Aldeanueva de Cameros es, sin duda, uno de esos pueblos que deja huella. Parece que en este recóndito lugar del Camero Nuevo se ha parado el tiempo ya que sus calles conservan aún casi de forma imperturbable la esencia de los pueblos serranos, con sus típica arquitectura de piedra, adobe y entramado de madera, los pasadizos o sus callejuelas empedradas y cubiertas del verdín producido por la humedad. Pero una de las visiones más embaucadoras de Aldenaueva de Cameros es la zona del río donde se halla un pequeño puente de piedra que cruza el arroyo y proporciona al visitante una estampa que quedará, seguro, grabada en su memoria. Este arroyo, que presenta en esta época un caudal importante, nace en el término municipal de Lumbreras, cerca del de Laguna, a unos 1.340 metros de altitud, entre el Alto de los Lapazares y Peñas de Alcubilla y desemboca en el río Iregua.

En la margen derecha del río se encuentra la Posada Rural Urreci, una antigua casa rehabilitada en la que observamos un exquisito respeto por la arquitectura tradicional de camerana. La posada toma el nombre de la antigua denominación del pueblo, Urreci, que según cuentan, fue destruido por un incendio y en su lugar se construyó una aldea nueva, lo que ahora se denomina Aldeanueva.

La aldea de Urreci estaba situada en el antiguo camino real muy transitado por los pastores de la zona en su viaje trashumante y el que, a través del Puerto de Piqueras, unía el norte de España con Madrid y Extremadura. Según cuentan, la ocupación primordial de los antiguos pobladores de Urreci era dar posada a los viajeros que realizaban esa ruta, sobre todo en invierno, cuando el tiempo hacía necesario acoger a los viajeros y animales. Aprovechando esta histórica senda les sugerimos un paseo de unos 8 kilómetros (ida y vuelta) que discurre desde la ermita de Santa Ana, situada a la salida de Aldeanueva y que nos conducirá hasta la también pequeña aldea de El Horcajo, perteneciente a Lumbreras. La ruta discurre por el trazado de una vereda de la cañada real soriana oriental y que según aseguran algunos buenos conocedores de la zona, como Jaime, ha sido utilizada hasta hace poco tiempo para el paso de ganado. A lo largo de este paseo encontramos algunas señales de dirección (marcas de pintura amarillas y blancas) aunque a veces cuesta encontrarlas. De cualquier modo ascenderemos hasta la ermita de Santa Ana y desde ahí seguiremos el camino paralelo al arroyo. Tras vadear el río por una pasarela de madera comienza a remontar el valle hasta que, en escasos minutos, alcanzamos la cancilla que marca el límite de Villanueva de Cameros y el Mancomunado de La Pineda. Al poco de vadear uno de los arroyos pasaremos por un resalte rocoso en el que se observan los restos de lo que hace décadas sirvió de chozo a los pastores. Desde aquí, la vegetación pasa a ser dominada por pino silvestre hasta llegar a una amplia vaguada cubierta ahora por pastizales. Si tomamos el camino que discurre por la vaguada de la derecha en unos 15 minutos llegaremos al collado del Horcajo, desde el que es visible la aldea del mismo nombre. Sin cruzar la cancilla que tenemos a nuestra derecha, seguimos la verja descendiendo por la ladera y ligeramente hacia la izquierda hasta dar con una segunda cancilla que cruzaremos. El camino nos lleva ahora por una agradable chopera de álamo temblón hasta El Horcajo, otra aldea camerana que desprende mucho encanto.

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