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Un mundo de verdes valles y desérticos cañones / PABLO HERRÁIZ

Desde la Posada de Urreci se ve el pequeño arroyo. El viejo puente de piedra ayuda a cruzarlo. Y cruzarlo es como meterse en otro mundo: el de la Tierra de Cameros. Cuando llega allí, lo primero es olvidarse del coche. Al menos, mientras esté en el pueblo, porque no cabe automóvil alguno por la entrada.
Es difícil elegir entre el Camero Nuevo y el Viejo. Ambos tienen el sabor de lo antiguo y la elegancia de lo señorial. El primero vive gracias al río Iregua, que tiene aguas alegres que riegan los hayedos y robledales. El segundo es casi un desierto, donde el cañón del río Leza está omnipresente.

Si a uno le apetece, después de una comida de las que preparan Luis y Sara en la posada se puede ir a escuchar una serenata. En Villoslada hace un par de años que se ha afincado un pianista chileno, que ahora da recitales en un pajar.

Es extraño que en estos valles de La Rioja haya dos formas de vida tan distintas. Los dos Cameros están tan cercanos que se puede ir andando de uno a otro; tan lejanos que jamás dejarán de ser el Nuevo y el Viejo. Esa dualidad es la que da encanto a la Tierra de Cameros. Y en medio de los dos está Aldeanueva, con la Posada de Urreci. Quien prefiera los paisajes agrestes y torvos encontrará un lugar en el Camero Viejo. Allí hace mucho que el río es sólo un hilillo de agua. Los valles adyacentes albergan pueblos abandonados, como Santa María, donde ya se secaron las fuentes. Pero la solemnidad de San Román y Soto demuestra por qué en el pasado los Cameros eran tierras de nobles. No sólo el desértico cañón del Leza, que es dorado por las tardes, ilumina al Camero Viejo. Allí todo tiene luz propia.

EL OTRO CAMERO. Quien prefiera el color verde, los ríos rebosantes de agua y la alegría de los bosques, aunque sea en este frío invierno, optará por el Camero Nuevo. Allí, el paso de las estaciones no se parece al de ningún otro lugar. En otoño las hayas se vuelven rojas y doradas, y arrullan al viajero. El verano es fresco a la sombra de los bosques; la primavera, agradable y suave. En invierno, un manto blanco lo cubre todo, y las altas cumbres del Sistema Ibérico, al fondo, envían más y más nieve sobre el Camero.

Es agradable caminar por los Cameros y conocer a sus habitantes. Pero lo mejor de todo es perderse, casi sin quererlo, por los bosques que lo cubren todo, o por los desiertos del Camero Viejo, que siempre parecen estar esperando a alguien.

CÓMO LLEGAR: En coche desde Madrid, por la N-II hasta la N-III, que atraviesa el Camero Nuevo y acaba en Logroño. Cerca de Villanueva de Cameros está el desvío hacia Aldeanueva.
SERVICIOS: La Posada de Urreci tiene seis habitaciones, dos salones con chimenea, biblioteca y videoteca. Ofrecen desayuno, comida y cena. Hacen actividades de lo más diverso, como excursiones y sesiones de piano en un pajar de Villoslada. En el pueblo no se puede entrar con coches, hay que dejarlos a la entrada. La localización de Aldeanueva lo convierte en un lugar estratégico para explorar los dos Cameros.
PRECIOS: La habitación doble cuesta 49 euros, excepto en las temporadas correspondientes a Semana Santa y verano, que ronda los 52 euros.

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